Durante muchos años me creí que el dicho “Mejor sola que mal acompañada” me iba a dejar solterona para toda la vida por lo cual lo reformulé según mis propósitos: “Mejor mal acompañada que sola”. Pero ya comprendí a esta altura de la vida que los dichos están hechos así por algo y que por eso se mantienen vivos de esa manera a través del tiempo. Es que el problema, al menos en mi caso, no son los hombres lo malo sino el valor agregado con el que llegan a mi vida. Todos vienen con una carga extra, un pasado-presente que puede resultar muy verga.
Todos tienen, por ejemplo, una EX NOVIA psicópata . Estas especimenes suelen merodear por la casa de una, hackear mails, hacer llamadas telefónicas a su ex novio mintiendo que están embarazadas, que se les murió la tía, que tienen cáncer terminal, que se van a coser la concha porque no hay ni nunca habrá en el mundo otro como él, que se están apuntando con un calibre 38 en la cabeza, etc. Lo peor de todo es que a parte de estar enfermas de amor suelen estar que se parten en 20 millones de pedazos, entonces nos hacen sentir como la mismísima mierda porque no se ven fuleras ni cuando aparecen atrás tuyo corriendo por la calle, con la pintura corrida por las lagrimas y el pelo grasiento tras días de dejadez. Forras. Y como “él” es un alma sensible tiene que salir a socorrer a la suicida hipocondríaca porque si de verdad llegara a jalar el gatillo se quedaría con cargo de conciencia for ever.
Todo hombre aparece en la vida de una con algún familiar insoportable. Quién no tuvo una cuñada rompe pelotas, “hermanito me pasas a buscar”, “hermanito te llamo para ver como estás como no viniste a dormir” “brother ai lav iu” “brother me llevás hasta la casa de Cecilia” “Hermanito me llevas a la pelu” …Aprendan a manejar pelotudas.
O bien, un hermanito chiquito pero con la edad suficiente para entender que si su hermano mayor está encerrado con su novia en la pieza es POR ALGO, y que no debería abrir la puerta a cada rato mientras alborota el hogar jugando a los x-men y me chupa un huevo los traumas mentales que ese pendejito del orto pueda tener tras haberme sorprendido mas de una vez con la manguera en la boca, esposada a la cama o sin corpiño. Muerte a los guachitos que incordian.
Ni hablar si los nenitos son hijos en vez de hermanitos, cuán odioso es que los traigan de visita a la casa de una, te rompen todo, tiran la comida y saltan por encima haciendo empaste, gritan, desordenan, quieren ver los dibujitos cuando una está muy atenta con el partido de fútbol, rompen las bolas por todo y se enojan si no tenés leche chocolatada o galletitas dulces. Qué horror.
Sin embargo el primer puesto lo tienen las suegras. No hay con qué darle.
Días atrás me junté con mi amigo Matías a charlar de la vida y vuelta que vuelta dimos con el tema. Parece que las mujeres también venimos con un valor agregado llamado “suegra” que molesta. Yo no le deseo a ningún hombre tener a mi mamá de suegra pero ella no es la única conchuda. Y hablando y hablando con mi amigo llegué a una conclusión trascendental…tiembla Kant en su tumba. Hago un paréntesis y explico brevemente. Yo tuve siempre una duda que varias veces me ha quitado el sueño. No. No es la duda da podonga podque podonga no tengo. Se trata de un tema que durante mucho tiempo se erigió cual incógnita ante mí poniéndome pelotuda porque no me gustan los misterios. Mi pregunta era: ¿Qué carajo duele más: una patada en los huevos o el dolor de ovarios?
Como mujer sé hasta qué punto martirizan a una las torturas menstruales pero también he visto a muchos hombres retorciéndose del dolor de pija tras una patada en esa zona que fue creada para ser tratada con cariño. Entonces estaba en una encrucijada y me era imposible deducir el problema. Muchas veces las personas usamos metafóricamente estos dolores para referirnos a situaciones, cosas o personas tan estrafalarias como el mismo padecimiento, tipo: “Esta materia es un dolor de ovarios”, “La milanga con fritas me cayó como patada a las pelotas” …
Hasta que parlando con este amigo pronunció él las palabras mágicas y pude entenderlo todo: “y si amiga…mi suegra es una patada a los huevos”. Oh! Y cuantas veces he dicho y he oído decir “Mi suegra es un dolor menstrual”. Pude encontrar entonces la analogía entre ambos dolores y poder comprender así cuánto duele el golpe a las pelotas si es que puede compararse con esas grasnuzas detestables.
Nunca quise a ninguna suegra de la misma forma que ellas no me quisieron a mí. Yo sé que no soy un buen partido para ningún hombre, pero por qué esa necesidad de ser tan hincha pelotas con una. Viejas de mierda evolucionan a una velocidad inexplicable, saben usar el celular mejor que cualquier adolescente y se encargan de fotografiar las petacas de etílico que encuentran en nuestra cartera; de llamar al hijo a cada hora, de aconsejarle que vuelva con su ex, que era adorable. Estas tipas son hipocondríacas también y les encanta llamar al hijito para que las lleven al médico a cada rato y como los hombres nacen mameros y mueren mas mameros todavía hacen caso a todos los berrinches de la madre. Ellas quieren ser la copiloto de nuestro macho, no nos dejan subirnos adelante en el auto; nos buchonean si nos ven cara de droga, nos persiguen con preguntas y mas preguntas sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestros proyectos a futuro. Las detesto. Chau suegras, no las quiero suegras. Fuera de mi vida suegras. Valor agregado que duele al bolsillo…maniaticas insoportables que duelen a los ovarios,a las pelotas y a todo tipo de huevos, testiculos y formas ovaladas y redondas.